MI BITACORA

Por: Roberto González
Foto: Romina Vizcarret

Encuentro Mágico
El último buceo

 

El último día de buceo siempre es el mejor. Tu mente, llena de imágenes y sensaciones de inmersiones anteriores, se prepara para la última aventura. Tu cuerpo, cansado y algo adolorido, entra en vigor al subir a la lancha por última vez.  Sientes la satisfacción de una misión cumplida pero también las expectativas crecientes de lo que vendrá, de lo que te aguarda, de lo que te espera. Confías en que hoy, tu último día de buceo, realices el hallazgo anhelado; ese caballito de mar tan elusivo o la gracia sin igual de una raya águila. Buscas el grial sagrado de todo aquel que bucea; un encuentro mágico, un encuentro único.

 

El camino a la Piedra Solitaria parece más corto que en días anteriores. Todo parece transcurrir más rápido. Cierro mis ojos y trato de exprimir 2 o 3 segundos adicionales a cada minuto que pasa, pero es inútil; al abrirlos hemos prácticamente llegado a nuestro destino. La Piedra Solitaria se eleva enfrente de nosotros, el momento de equiparnos ha llegado. Empezamos la torpe danza de ponernos nuestros trajes ajustados de neopreno, plomos a la cintura, tanque a la espalda y aletas en los pies; moviéndonos suavemente al ritmo de la lancha y el oleaje.

 

Una vez equipados, nos sentamos en los bordes de la embarcación y nos dejamos caer de espalda al infinito azul. Al descender desde la superficie asoleada y calurosa hacia las profundidades de este nuevo mundo, siento la fresca caricia del agua al llenar el vacío entre mi piel y la protección de mi traje de neopreno. Al seguir descendiendo, siento la presión sobre mi cuerpo como el firme apretón de manos de unos viejos amigos. Me siento cómodo y listo para emprender la búsqueda de mi encuentro mágico.

Todo es belleza. Todo es paz. El único sonido que escucho es el de mis burbujas y el latir de mi corazón. A lo lejos está el grupo, a mi alrededor; las maravillas de la creación. Prefiero guardar mi distancia y gozar de lo que me rodea.

Despacio, todo bajo el agua es lento, paulatino y deliberado. Trato de evitar movimientos rápidos y bruscos. No quiero espantar a los peces conocidos que me rodean ni dañar el arrecife que es su hogar. Estoy rodeado de colores verdes, plateados, amarrillos y otros que son indescriptibles. Un pez ángel me hace el favor de posar amistosamente para la posteridad y yo aprovecho la invitación.

Las condiciones son benignas en ésta, mi última inmersión. El agua es tibia, rica. La visibilidad es favorable. No hay corriente y a profundidad no se siente el oleaje. Puedo flotar en mi mundo con absoluta libertad. Vuelo lentamente por encima de formaciones de coral, de esponjas y de otros seres alienígenos, únicos a mi universo.

Rodeando una formación curiosa de rocas, he perdido de vista al grupo. Al darme cuenta de la soledad absoluta y total en la que me encuentro, Me quedo completamente inmóvil. Respiro lenta y profundamente. No es la primera vez que el pánico ha buscado apoderarse de mí. No será tampoco la última. Empiezo pausadamente a contar; 1, inhalo; 2, exhalo; 3, inhalo; 4, exhalo. Cuento lentamente hasta 10, sin dejar de tomar aire y soltarlo. Siento entonces como el agarre de aquellos fríos dedos sobre mi cuello empieza a debilitarse hasta dejarme completamente libre.

Al abrir mis ojos me doy cuenta de que realmente nunca estuve solo. Me encuentro flotando inerte en medio de un calidoscopio de formas, figuras y colores. Decenas de ojos me miran; todos de manera chistosa, como si hubiera sido yo el objeto de alguna broma de ellos. Casi puedo distinguir las sonrisas de los pez mariposa y escuchar las carcajadas de los sargentos. Mi confianza ha regresado y me siento un poco avergonzado por permitir que el pánico invadiera mi precioso universo azul. Bajo las olas está mi cobijo, mi refugio, no tengo porque temer. Ahora entiendo por qué se reían. Lapsus brutus momentáneo mío...

 

Para conocer la crónica completo donde se describe un encuentro mágico
Conformado en 5 páginas y todas las imágenes contemplativas que lo ilustran
Consulte la edición 86 impresa de Espacio Profundo

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